sábado, 16 de mayo de 2020

LINEAMIENTOS DE REAPERTURA AL CULTO RELIGIOSO, COVID 19

Lineamientos generales para la reapertura al culto religioso 
en tiempo de pandemia.
México, a 15 de mayo del 2020. Prot. Nº50/20

Que alegría sentí cuando me dijeron:
¡Vayamos a la Casa del Señor! (Sal. 121,1)

I. Mística.
A nosotros los obispos se nos ha encomendado y confiado el apacentar la Iglesia que peregrina en México por mandato de Nuestro Señor Jesucristo. Creemos que en este tiempo de pandemia necesitamos sentarnos a los pies de la Virgen de Guadalupe para alentar la esperanza de ser un solo pueblo. Ella puede ayudarnos a contemplar, creer, vivir y anunciar el misterio de la Redención realizado por Jesús (Cfr. PGP 12). Esta es nuestra responsabilidad histórica en este momento de crisis sanitaria, por la fe y la salud.
En este tiempo de pandemia, con responsabilidad y celo pastoral, hemos tratado de acompañar a nuestros fieles buscando la manera de hacer presente el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Por ello, los obispos que conformamos la Conferencia del Episcopado Mexicano, preocupados por la salud espiritual y física de todos los fieles, presentamos los siguientes lineamientos generales para la reapertura gradual de los espacios físicos de la vida eclesial, sobre todo el aspecto sacramental; observando puntualmente las medidas de higiene y sanitización, solicitamos a todos los católicos nos sumemos en la caridad y solidaridad emprendiendo este nuevo camino de restablecimiento funcional de nuestras actividades.

II.Fases de reapertura
Fase I: Al poder regresar gradualmente a las actividades, el obispo, tomando en cuenta las disposiciones de las autoridades sanitarias, determinará el momento en que los fieles podrán asistir a las iglesias para las celebraciones eucarísticas dominicales y feriales, en grupos pequeños y moderados de acuerdo al espacio de la iglesia, guardando debidamente el distanciamiento social; y observando todas las medidas preventivas, las diócesis y las parroquias dispondrán prudentemente según la propia situación del lugar. 
Fase II:  Para la reactivación de las agendas de los movimientos y grupos a nivel parroquial y diocesano, se pide monitorear los semáforos que la Secretaría de Salud irá actualizando semanalmente para permitir la reanudación gradual de las actividades, así como seguir observando estrictamente la sanitización de las personas, inmuebles y el distanciamiento social. 
Fase III: Para emprender con normalidad la vida pastoral ordinaria de nuestras diócesis y parroquias, debemos tomar muy en cuenta las disposiciones de la Secretaría de Salud en cada una de nuestras regiones.

III. Directrices para la reapertura gradual de las celebraciones en la Iglesias. 
I. Introducción
Ofrecemos algunos elementos a considerar, para que se pueda dar una “respuesta discernida y prudente en la fase pandémica que estamos viviendo,” y se pueda retornar gradualmente a la administración sacramental.

Lo aquí presentado no agota la creatividad y acción que, junto con los Vicarios Episcopales de Pastoral, los Decanos, los presbiterios y laicos agentes de pastoral puedan implementar.

Estas directrices pueden ser adaptadas a las diferentes realidades de nuestro país, tanto Urbana como Rural.
+ Lo primero que sugerimos es la creación de un Equipo Estratégico para el prudente discernimiento pastoral. 
+ Prorrogación, hasta alcanzar una situación más favorable, de la dispensa del precepto dominical.
+ Regreso contenido. El reinicio de las misas con la asistencia de un número reducido de fieles, con las medidas de precaución, sin síntomas, ni temperatura. 
+ Diseñar una campaña pastoral para dar la bienvenida de regreso a los fieles a la participación Eucarística.
+ Ofrecer propuestas para las celebraciones de los sacramentos y flexible calendarización. 
+ Realizar la Confesión persona – persona con sana distancia en espacios amplios o abiertos, en diferentes días, quizá por turnos, o por cita para espaciar la gente o recurrir a otros medios, con sentido común y prudencia.
+ Implementar un plan de reactivación económica para la diócesis y para el sustento de las parroquias con escasos recursos.

Sugerencias de elaboración del Plan diocesano/parroquial, para la celebración de Misas con control de Asistentes 
I. Definir la capacidad de la iglesia, y el aforo adecuado por celebración. 
1. Consideraciones previas para ir a la Misa.
a. Realizar una campaña de comunicación que informe de manera clara y concreta el regreso gradual a las celebraciones.
b. Que cada fiel comprenda la importancia de cuidarse a sí mismo y al resto de los miembros de la comunidad. Se recomienda ampliamente no asistir a Misa, si se encuentra enfermo, resfriado o tiene algunos de los síntomas del Covid-19, incluido el sacerdote. 
c. Recomendar ampliamente a la población en riesgo, que pueda ver y participar de las misas a través de la TV, Radio y plataforma digitales. 
d. Reactivación anticipada y contenida de las misas en zonas con menor contagio. 
e. En caso necesario, reservar si es posible un espacio u horario especial para la población en riesgo.  
f. Mantener las iglesias abiertas con las bancas espaciadas. Abriendo las diferentes puertas de las iglesias, con la finalidad de favorecer la ventilación de esta, así como el contacto con las puertas para entrar y salir.
g. Mantener disponible gel antibacterial y artículos de higiene.  

2. Definir la capacidad de cada iglesia estableciendo ciertos parámetros 
a. Entre los asistentes a la Misa debe existir una distancia mínima de 1.5 metros. Esta medida debe ser considerada en cualquier dirección, adentro o afuera de las iglesias. 
b. Revisar la separación entre las bancas (utilícese alternadamente una sí y otra no). Y hágase el ejercicio tomando en cuenta el total de las bancas. 
c. Si es posible, marque con etiqueta de color, el lugar donde debe sentarse cada persona, y hacer la suma del total de los lugares asignados por misa. 
d. Indicar a cada persona, que solo está permitido sentarse en donde se tenga la etiqueta. Con excepción de los niños, que pueden ir con su papá o mama, todo esto donde sea posible.
e. Tener un equipo de laicos que ayuden a sanitizar las manos de las personas con gel antibacterial, así como el acomodo de las personas al momento de entrar a la iglesia. 

3. Equipo de protección, sanitización y limpieza 
a. Informar a los fieles acerca de la necesidad de traer equipo de protección (cubrebocas, guantes, caretas, etc), asegurando que se tenga disposición de estos equipos. En la medida de lo posible téngase un stock de cubrebocas en la parroquia y ofrézcase este accesorio al que no le es posible llevarlo. 
b. Entrenar adecuadamente al personal de limpieza y a voluntarios, para la adecuada limpieza y sanitización del lugar, antes y después de la Misa. 
c. Se debe sanitizar las áreas susceptibles de ser tocadas: bancas, sillas, mesas, perillas, baños, pisos, etc.
d. Tener anuncios visibles en la iglesia a propósito de la utilización estricta de accesorios de protección, y prácticas de higiene, estornudo de etiqueta, etc. 
e. Colocar un recipiente fuera de la iglesia para desechar los cubrebocas, previniendo que la gente los tire en la calle, evitando poner en riesgo a quienes caminan o hacen labores de limpieza.  

4. Número de Misas y la invitación para participar en la misma
a. Revisar el número de Misas a ofrecer. Esto dependerá de la expectativa de la asistencia de los fieles; y también de los antecedentes de la asistencia.
b. En base a lo anterior, definir si se mantienen el mismo número de Misas o si se tiene la posibilidad de ampliar los horarios de las mismas. 
c. Al estar limitado el número de asistentes a las Misas, se debe definir con creatividad algún método para invitar a los fieles a participar en las diferentes misas de entre semana. 
d. Se recomienda dejar hasta un 10% de la capacidad libre, por si hay algún error o llegan laicos no enterados de esta nueva modalidad, mientras se toma experiencia.
e. Revisar cada semana este procedimiento y ajustarlo conforme la situación presentada. 

5. Control del acceso
a. Definir un procedimiento claro de acceso a la iglesia. Buscando siempre cumplir con las disposiciones de salud, el respeto y la dignidad de los fieles. 
b. Se debe invitar al fiel a llegar a la Misa 15 minutos antes. Indicar que solo habrá un acceso a la iglesia (validar esta decisión). 
c. En las zonas urbanas recomendamos donde sea posible, medir la temperatura de las personas que están por entrar a la Misa. Si la temperatura es mayor a los 37.5ºc, por recomendación de la Secretaría de Salud, no se puede permitir el acceso a la Misa, lo mismo que todos aquellos que hayan estado en contacto con alguna persona positiva a SARS-CoV-2 en los días precedentes. 
d. No permitir la entrada si presenta síntomas de resfriado o COVID-19.
e. Tomar en cuenta todas estas disposiciones actuando con caridad y prudencia. 

II. De la Misa en general
+ La duración de la Misa sea de 60 min, como máximo.
+ El número de ministros presentes en el presbiterio sea reducido al mínimo, observando siempre las indicaciones de sana distancia.
+ Se puede contar con el servicio de organista; sin embargo, no se omita el canto a cargo de un coro, con las debidas medidas.
+ Se desaconseja el uso de subsidios para la celebración que sean repartidos a los fieles (v. gr. hoja dominical)

1. Comunión
a. En el Rito de la Comunión, se continúa omitiendo el intercambio del signo de la paz.
b. Al momento de levantarse a la Comunión se pide nuevamente respetar la modalidadde la sana distancia entre las personas, organizando de manera adecuada y creativa la distribución y recepción de la Sagrada Comunión en la mano. 
c. Es importante lavarse las manos con “GEL” previo a recibir la Comunión en la misma. Procúrese que haya personal y dispositivos para administrar “GEL” en el momento previo de recibir la Comunión.
d. El sacerdote deberá usar cubrebocas para dar la comunión. 
e. De preferencia dar la Comunión con guantes puestos en el momento de dar la Comunión, o en su defecto desinfectarse las manos con gel, antes de distribuirla.  

2. Salida de la Misa
a. Se cuide diligentemente el orden al salir, de manera que se lleve a cabo despacio y respetando la sana distancia con el resto de los asistentes.
b. Terminando la Misa, en el atrio de la iglesia, respetar las indicaciones de higiene y sana distancia, y evitar conglomeraciones.  

 3. Comunicación y Transmisiones de las celebraciones.
a. Las parroquias que ya realizaban transmisión de su Eucaristía on-line o a través de algún medio como la radio o la televisión, prevean que al menos una de las eucaristías dominicales se continúe transmitiendo.
b. Las parroquias que aún no cuenten con transmisión de la Eucaristía on-line o a través de algún medio como la radio o la televisión, prevean que puedan ofrecer la transmisión de al menos una Misa dominical.
c. Buscar la profesionalización de estas transmisiones, tanto en recursos humanos, materiales o de software.

Presentamos estos lineamientos generales, a manera de orientaciones, para que cada obispo en su Iglesia Particular pueda normar, concretizar y detallar técnicamente según su propia realidad. 
¡Demos gracias a Dios por el retorno paulatino que viviremos! Deseamos que, el asumir interiormente esta experiencia, nos ayude a crecer y madurar en nuestra vida de fe, esperanza y caridad. Que la Virgen de Guadalupe nos cubra con su manto y nos ayude a superar esta pandemia y la gran crisis que ésta ha provocado. 

✠ Domingo Díaz Martínez
  Arzobispo de Tulancingo
  y Responsable de la Dimensión Episcopal para la Pastoral de la Salud

✠ Rogelio Cabrera López
  Arzobispo de Monterrey
  Presidente de la CEM 

✠ Alfonso G. Miranda Guardiola
  Obispo Auxiliar de Monterrey
  Secretario General de la CEM

ORIENTACIONES LITÚRGICAS COVID 19 CEM

Orientaciones Litúrgicas para reanudar el culto religioso 
en tiempo de pandemia
México, 16 de mayo del 2020. CEM Prot.Nº52/20

«Dichosos los que viven en tu Casa y te alaban siempre;
Dichoso el que encuentra en ti su fuerza y
peregrina hacia ti con sinceridad de corazón» (Sal. 84, 5-6)

I.Introducción
“En efecto, la Liturgia, por cuyo medio «se ejerce la obra de nuestra Redención», sobre todo en el divino sacrificio de la Eucaristía, contribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida, y manifiesten a los demás, el misterio de Cristo y la naturaleza auténtica de la verdadera Iglesia” (SC 2) y dado que “toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia” (SC 7), es importante proporcionar algunas Orientaciones que puedan guiar el modo en que paulatinamente se reanude la normalidad en la celebración del Misterio Pascual en las acciones litúrgicas, una vez que se ha superado la parte más crítica de la emergencia sanitaria por SARS-CoV-2.

II.Observaciones generales
Será importante prever que la asistencia de los fieles se mantenga en un aforo de no más de la tercera parte de la capacidad de la iglesia, de modo que puedan observarse las medidas sanitarias, particularmente la de la distancia de al menos 1.5 m, lo mismo que el uso mínimo de cubrebocas, además de caretas protectoras y guantes (nitrilo o vinil).
En cuanto a las celebraciones dominicales, convendrá que el Obispo diocesano continúe con la dispensa del precepto dominical, hasta que la situación no se normalice y sea posible la asistencia de todos los fieles a las celebraciones dominicales principalmente. 
Para la atención en centros hospitalarios, así como a enfermos graves o confirmados con COVID-19, incluido los cuidados funerarios, obsérvense las indicaciones emanadas y ya dadas por la CEM. 

III.Sacramentos
Como premisas, se recuerda que se salvaguarda lo siguiente:
Las directrices pastorales que, a tenor del Derecho canónico, sean emanadas por cada Obispo diocesano, tomando en cuenta las determinaciones de las autoridades civiles y sanitarias.
La valoración iuxta casus, tomando en cuanta las necesidades espirituales de los fieles, sentido común y la prudencia pastoral, de una situación de grave necesidad para el bien de los fieles que recomiende la administración del Sacramento.

Bautismo
Rito de acogida (cf. Ritual del Bautismo de niños, n. 111):
Después de las palabras “N., la Iglesia de Dios…”, el celebrante hace el signo de la cruz sobre el (los) bautizando(s) sin contacto físico (tal como se haría en el Bautismo para un gran número de niños); los papás y padrinos podrán hacer la señal de la cruz sobre la frente del niño, según la prudencia, o igualmente trazar solo la cruz sobre él (ella).

Exorcismo (cf. Ritual del Bautismo de niños, n. 115):
Después del Exorcismo, el celebrante puede omitir la unción con el óleo de los catecúmenos e impone las manos sobre el (los) bautizando(s) sin contacto físico, diciendo: “Que los fortalezca la fuerza de Cristo Salvador, que vive y reina por los siglos de los siglos”.

Bautismo:
Se utilice una jarra, en la cual se bendecirá el agua, y de esta misma se derramará el agua las tres veces sobre la cabeza del niño.  Esta agua será vertida inmediatamente después de terminada la celebración en la tierra (no en el drenaje).  
Se omita el Bautismo por inmersión.  

Unción con el santo Crisma (cf. Ritual del Bautismo de niños, n. 125):
Se puede omitir la unción con el Crisma, diciendo una sola vez para todos los bautizados: “Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que los ha librado del pecado…”.
Si el Obispo diocesano considera oportuno conservar la unción con el Crisma, hágase utilizando guantes desechables de vinil o nitrilo; o bien, al menos, usando gel antibacterial inmediatamente antes y después de la unción. 
Effetá (cf. Ritual del Bautismo de niños, n. 101):
Es conveniente omitir el rito del Effetá. 

Eucaristía
La celebración con presencia de los fieles será a juicio y determinación del Obispo diocesano/Administrador diocesano.
Los sacerdotes que continúen celebrando la Eucaristía sin presencia de los fieles y sin hacer la transmisión de la celebración por medios digitales, observen las indicaciones de la Instrucción General del Misal Romano nn. 252-272.
La transmisión por las plataformas digitales de la Celebración Eucarística será necesariamente en vivo y no por medio de grabaciones.
Se recomienda continuar con la distribución de la Comunión en la mano y omitir el saludo de la paz.
Recomendamos que la colecta se realice después del rito de la comunión (a juicio y determinación del Obispo diocesano/Administrador diocesano). 

Penitencia
Reconciliación de un solo penitente mediante confesión y absolución individuales:
El lugar sea ventilado y fuera del confesionario.
Obsérvese una distancia adecuada entre confesor y penitente (1.5 m aproximadamente).
Al menos el confesor utilice cubrebocas y careta protectora.

Absolución general:
Cada Obispo diocesano dará las indicaciones pertinentes. Se considera que se dé la absolución general en los casos de grave necesidad y en relación con el nivel de contagio, recordando para ello, tanto a los pastores como a los fieles, la doctrina católica a este respecto.
Cualquier especificación además de lo establecido en el Código de Derecho Canónico (cf. cc. 960, 961 §§ 1 y 2), la Penitenciaría Apostólica la delega según el derecho a los obispos diocesanos, teniendo siempre en cuenta el bien supremo de la salvación de las almas (cf. CIC, c. 1752).  
En caso de que surja la necesidad repentina de impartir la absolución sacramental a varios fieles juntos, el sacerdote está obligado a avisar, en la medida de lo posible, al obispo diocesano o, si no puede, a informarle cuanto antes (cf. Ritual de la Penitencia, n. 32).

Uso de medios digitales a distancia:
Se recuerda que no es posible administrar el sacramento de la Penitencia, al igual que en los demás Sacramentos, por medios digitales y/o electrónicos. 

Para quienes no pueden asistir a confesarse:
También se recuerda la doctrina católica: “Cuando brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas, la contrición se llama ‘contrición perfecta’ (contrición de caridad). Semejante contrición perdona las faltas veniales; obtiene también el perdón de los pecados mortales, si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1452; cf. Concilio de Trento: DS 1677)”.  Por lo tanto, será muy importante hacer del conocimiento de todos los fieles, iniciando por los pastores, que, especialmente en las actuales circunstancias, aquellos fieles que se vean impedidos de acercarse a la Penitencia sacramental puedan hacer un acto explícito de contrición, expresando su sincera petición de perdón ante Dios, con el firme propósito de recurrir en cuanto sea posible a la confesión sacramental, y obtener así el perdón de los pecados, incluso mortales. (v. gr. Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero, me pesa de todo corazón haberte ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de pecado, confesarme y cumplir la penitencia. Te ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados.  Amén).
Unción de los enfermos 
Puede hacerse sin contacto con la persona enferma, a juicio del Obispo diocesano.
Imposición de las manos: 
Se recomienda este gesto del rito sin contacto físico con el enfermo.
Unción (cf. Ritual de la Unción y el cuidado pastoral de los enfermos, n. 23): 
Podrá y bastará solamente ungir la frente del enfermo, o alguna otra parte del cuerpo que se considere conveniente con un hisopo con punta de algodón o una bola de algodón, mientras se dice toda la forma sacramental: “Por esta santa Unción…”. 
La unción hágase utilizando guantes desechables de vinil o nitrilo; o bien, al menos, usando gel antibacterial inmediatamente antes y después de la unción.

Visita y Comunión a los enfermos
Se observen las medidas higiénicas necesarias: uso de cubrebocas y careta protectora.
El ministro se lave o desinfecte las manos al llegar y retirarse de la vivienda; incluso una vez más inmediatamente antes y después de administrar la Comunión.
Al momento de administrar la Comunión, se tengan particulares cuidados de no tocar la boca el enfermo.
Para la administración del Viático, este sea llevado por el ministro ordenado y no uno extraordinario.
Se consulte oportunamente al personal sanitario acerca de ulteriores precauciones sanitarias.

Matrimonio (cf. Ritual del Matrimonio, n. 43, 6)
Consentimiento: 
puede omitirse que los novios se tomen de las manos.

Ritos explicativos:
el intercambio de anillos y arras, así como la imposición del lazo pueden omitirse.
IV.Piedad Popular
Para la oración cotidiana, adoración del Santísimo Sacramento y otras devociones, se debe evitar gran concentración de fieles, y prever debidamente el señalamiento de los lugares a ser ocupados.
Se recomienda evitar celebraciones de fiestas patronales por el momento, a juicio del obispo o administrador diocesano.
Se sugiere suspender por el momento las peregrinaciones, procesiones dentro y fuera de las iglesias.
Evítese las visitas aglomeradas en las iglesias ubicadas en los lugares turísticos, hasta nuevo aviso. 
Las presentes orientaciones son ofrecidas subsidiariamente a los obispos de México para que en cada Iglesia particular se puedan dar las disposiciones pertinentes para las Celebraciones litúrgicas, así como para los actos de Piedad popular.

✠ Jonás Guerrero Corona
Obispo de Culiacán
Presidente de la Comisión
Episcopal de Liturgia

✠ Rogelio Cabrera López 
Arzobispo de Monterrey 
Presidente de la CEM

✠ Alfonso G. Miranda Guardiola
Obispo Auxiliar de Monterrey
Secretario General de la CEM

domingo, 3 de mayo de 2020

57 JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

57 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones
«¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!» (Mt 14, 27)
Las Palabras de la Vocación
Fuente: CEVyM

El domingo IV de Pascua, conocido como “del Buen Pastor”, celebramos en toda la Iglesia, la Jornada Mundial de oración por las vocaciones, instituida desde el tiempo del Papa Paulo VI; esta Jornada es un momento propicio para meditar el mensaje del Papa, mirarnos unos a otros en nuestros hogares, y si hay adolescentes y jóvenes –que es la etapa del descubrimiento del llamado que Dios hace a cada uno–,  hacer oración especialmente por ellos, para que dispongan su vida y respondan con generosidad, ya sea a la vocación laical, a la vida consagrada o al sacerdocio ministerial.
Este año el Papa Francisco nos invita a ver nuestra vida a la luz de la travesía en el lago de Tiberíades que emprendieron los apóstoles después de la multiplicación de los panes (Cfr. Mt 14, 22-33). A todos los cristianos el Señor nos llama a seguirlo en una vocación específica: en el matrimonio, en la vida consagrada, o en el sacerdocio; esta llamada es una aventura, que no es pacífica, «y el miedo de no lograrlo y de no estar a la altura de la llamada amenaza con hundirlos». Cuatro palabras, que son inherentes a toda vocación específica, guían nuestra reflexión.
«Gratitud». Podemos reconocer que Jesús nos llama a una vocación específica, solo cuando nuestro corazón reconoce la acción de Dios en la propia vida y le damos gracias por ello. Porque «la vocación, más que una elección nuestra, es respuesta a un llamado gratuito del Señor».
«Ánimo». Cuando Jesús se acercó a los apóstoles caminando sobre las aguas, ellos creyeron que era un fantasma; es el “fantasma de la incredulidad” el que nos hace pensar que no podremos seguir el llamado de Jesús, creyendo que nos equivocamos o que no estamos a la altura; pero Jesús mismo es quien nos dice: «¡Ánimo!, soy yo; no teman”. Y nos alienta con sus palabras y su presencia, porque “sabe que una opción fundamental de vida –como la de casarse o consagrase de manera especial a su servicio– requiere valentía».
«Fatiga». Cada vocación específica tiene grandes compromisos y, «si dejamos que nos abrume la idea de la responsabilidad que nos espera –en la vida matrimonial, o en el ministerio sacerdotal– o las adversidades que se presentarán, entonces apartaremos la mirada de Jesús rápidamente y, como Pedro, correremos el riesgo de hundirnos». En los momentos de duda, cansancio y miedo, Jesús nos tiende la mano «y nos da el impulso necesario para vivir nuestra vocación con alegría y entusiasmo».
«Alabanza». Que a partir de la experiencia del seguimiento al llamado de Jesús, nuestra vida se abra a la alabanza, como lo hizo la Santísima Virgen María.
Vivimos un momento muy especial en el mundo a causa de la pandemia provocada por el coronavirus, que nos ha hecho permanecer largo tiempo con nuestras familias, tiempo que ha sido aprovechado para participar, de manera virtual, en la misión de la Iglesia, especialmente por las celebraciones litúrgicas y catequesis transmitidas a través de las redes sociales y otros medios electrónicos; creemos que también es una oportunidad para reflexionar como familia el tema de la vocación, y así, seguir esforzándonos por crear una cultura vocacional (Cfr. PGP 74); pues, como el mismo papa Francisco hace alusión, cada bautizado tiene un llamado, una vocación específica.
Nos despedimos retomando las palabras del papa Francisco: «deseo que la Iglesia recorra este camino al servicio de las vocaciones abriendo brechas en el corazón de los fieles, para que cada uno pueda descubrir con gratitud la llamada de Dios en su vida, encontrar la valentía de decirle «sí», vencer la fatiga con la fe en Cristo y, finalmente, ofrecer la propia vida como un cántico de alabanza a Dios, a los hermanos y al mundo entero».

+ Gonzalo A. Calzada Guerrero
Obispo de Tehuacán
Responsable de la Dimensión Episcopal para la Pastoral Vocacional
+ Pedro S. de J. Mena Díaz
Obispo Auxiliar de Yucatán
Presidente de la CEVyM

viernes, 1 de mayo de 2020

CRITERIOS DE ESPERANZA Y VERDAD PARA COMUNICAR

Criterios de esperanza y verdad para comunicar en tiempos de Pandemia

PREFACIO
La Iglesia Católica tiene como misión asumir el mandato del Señor Jesucristo a sus discípulos: “¡Vayan y anuncien la Buena Noticia!”. Conscientes de ello, los cristianos nos sentimos mensajeros del anuncia de salvación y esperanza que comporta el Evangelio y que queremos compartir con todo el mundo. Sin embargo, en tiempos difíciles y de confusión, la alegría del anuncio de Cristo puede resultar difícil. Se puede repetir la experiencia de los discípulos de Emaús, de María Magdalena o de los discípulos que aún viendo, no descubrían la verdad.
Creemos que en los tiempos de pandemia que vivimos se genera mucha confusión, somos bombardeados de noticias de todo tipo e intención. Abundan las fake news, los bulos, la distorsión, la información sesgada o distorsionada. Las redes sociales han hecho que la abundancia de información, incontrolada, nos haga experimentar con fuerza no solo la pandemia sino también la infodemia. El estrés y la angustia causada por el exceso de información o la de origen malicioso puede causar tanto o más daño que la propia epidemia.
Motivados por esta realidad, queremos presentar este elenco de criterios de acción y discernimiento para que la actividad comunicadora que realizamos sirva como instrumento de humanización y construcción de verdad que oriente al hombre hacia el bien común y un ambiente de comunicación veraz. Tener información clara, oportuna y veraz es vital para las comunidades y personas que están viviendo distintas situaciones en esta pandemia. En un cambio de época que privilegia la comunicación debemos ser heraldos de verdad y esperanza para ayudar a contener el avance de COVID-19, la ansiedad y temores provocados por la pandemia y mitigar los daños que produce.

VER
La Iglesia Católica ha recibido la misión de parte de Jesús para anuncia el Evangelio, que se traduce como Buena Noticia o Buena Nueva. Es decir, proclamar constantemente el misterio pascual de Cristo que anuncia que no es el sufrimiento y la muerte el final de toda la realidad humana, sino la resurrección. Esta noticia es el centro de la fe cristiana y el motor de toda la vivencia de la Iglesia.
La Iglesia, presente en el mundo desde hace más de dos mil años ha vivido ya diferentes etapas de la humanidad, incluidas las epidemias vividas en distintas latitudes en todos estos siglos. Las epidemias han permitido que hombres y mujeres cristianos mantuvieran el testimonio de cuidar a los enfermos, incluso a costa de su propia vida. También en tiempos de enfermedad, guerra y hambre la Iglesia ha sostenido con distintas expresiones la esperanza en medio de los que sufren.
Hoy estamos viviendo, para muchos todavía de modo inimaginable, una nueva epidemia de carácter mundial con graves consecuencias para la salud, la sociedad y la economía. La Pandemia provocada por el COVID-19 se suma a los daños que a la salud han venido ocasionando otras enfermedades crónicas y virales.
Estamos viviendo un cambio de época que, en el campo mediático, se privilegia la comunicación por internet y las redes sociales a los medios de información tradicionales. Esto impide el cribado, el discernimiento y selección de contenidos y se promueve la distorsión, la creación o recreación de realidades, la manipulación de cifras y contenidos, las fake news o bulosti Es decir, todos los fenómenos que los especialistas llaman posverdad y que han afectado la credibilidad de lo que ahora se recibe por los medios de comunicación. Por otra parte, la abundancia de información que se genera de modo indiscriminado está generando una infodemia. La infodemia «es una cantidad excesiva de información sobre un problema que dificulta encontrar una solución. Durante una emergencia de salud, las infodemias pueden difundir errores, desinformación y rumores.»1
Sin embargo, en tiempos de emergencia sanitaria, ante la realidad del confinamiento, la mayoría de la gente tiene necesidad de información. Las personas buscan a través de los medios tradicionales, las redes sociales y el internet saber qué es lo que sucede, cómo prevenir, cómo actuar y encontrar soluciones de salud, sociales y económicas.
En ese marco, la cobertura de noticias de la COVID-19 representa un desafío para comunicadores y periodistas, sea por la evolución de la enfermedad, el conocimiento que se va teniendo de su comportamiento, las recomendaciones para la prevención, los contextos políticos e ideológicos en los que se presenta y los intereses económicos en juego.
La tarea del comunicador en este contexto mediático y sanitario le exige un ejercicio de su profesión de modo ético, libre, consciente y responsable. Evitar los sensacionalismos o el escándalo que confunde. Transmitir información veraz y no infundir miedo. Recurrir a fuentes certificadas y confiables. Alentar el optimismo y la esperanza. En tiempos de pensamiento débil, líquido y relativista, el comunicador tiene la privilegiada oportunidad de ser timón y no veleta.

JUZGAR
«Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.» (Jn 8,31-31) Estas palabras de Jesús resuenan al interior de la Iglesia y se han convertido en una ardua tarea desde la iglesia primitiva. Las comunidades cristianas han debido asumir la Verdad revelada y buscar reinterpretar la verdad y transmitirla en cada uno de los contextos socio-históricos que les han tocado vivir.
El papel de la inculturación que la Iglesia ha realizado en cada momento histórico le ha llevado a reflexiones, en medio de las culturas, para discernir los que hay de bueno, noble y verdadero en cada una de ellas. La sintonía que las Semillas del Verbo, presente en cada cultura, provoca en la transmisión de la verdad evangélica permite a la iglesia ser promotora de la verdad.
En tiempos recientes, con el desarrollo de los medios de comunicación, la Iglesia ha aceptado su papel protagónico en la sociedad, como claramente lo afirmada el Concilio Vaticano II:
“Entre los maravillosos inventos de la técnica que, sobre todo en estos tiempos, el ingenio humano, con la ayuda de Dios, ha extraído de las cosas creadas, la madre Iglesia acoge y fomenta con especial solicitud aquellos que atañen especialmente al espíritu humano y que han abierto nuevos caminos para comunicar con extraordinaria facilidad noticias, ideas y doctrinas de todo tipo. Entre tales inventos sobresalen aquellos instrumentos que, por su naturaleza, pueden llegar no sólo a los individuos, sino también a las multitudes y a toda la sociedad humana, como son la prensa, el cine, la radio, la televisión y otros similares que, por ello mismo, pueden ser llamados con razón medios de comunicación social.” (IM 1)
En su misión evangelizadora la Iglesia ha asumido en las últimas décadas un acercamiento a los medios modernos de comunicación, desde el cine hasta las recientes redes sociales. Pasando por distintas etapas, se han creado distintas comisiones que asumen la tarea pastoral de acompañamiento y atención pastoral a los medios de comunicación y quienes colaboran en ellos. Del mismo modo los ha asumido como un canal de evangelización para su tarea y misión. En los últimos años, los papas y el Pontificio Consejo Para las Comunicaciones sociales han emitido importantes documentos que ahora resultan guías para el ejercicio de comunicación en nuestros tiempos, somos conscientes que «la cultura de la sabiduría, propia de la Iglesia, puede evitar que la cultura de la información, propia de los medios de comunicación, se convierta en una acumulación de hechos sin sentido» (San Juan Pablo II, Mensaje para la XXXIII Jornada mundial de las comunicaciones sociales de 1999, n3), por eso conviene recordar algunos elementos esenciales que orientan nuestro modo de comunicar en tiempos de pandemia:
Fundamento de la comunicación, la comunicación de Dios con el hombre.
“La historia de la salvación narra y documenta la comunicación de Dios con el hombre, comunicación que utiliza todas las formas y modalidades del comunicar. El ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, para acoger la revelación divina y para entablar un diálogo de amor con Él. A causa del pecado, esta capacidad de diálogo, ya sea personal o social, ha sido alterada, y los hombres han hecho y continúan haciendo la amarga experiencia de la incomprensión y de la lejanía. Sin embargo, Dios no los ha abandonado y les ha mandado a su propio Hijo (cf. Mc 12, 1-11)ti En el Verbo hecho carne el evento comunicativo asume su máxima dimensión salvífica: se ha dado así al hombre, por el Espíritu Santo, la capacidad de recibir la salvación y de anunciarla y testimoniarla a sus hermanos.
La comunicación entre Dios y la humanidad ha alcanzado por tanto su perfección con el Verbo hecho carne. El acto de amor a través del cual Dios se revela, unido a la respuesta de fe de la humanidad, genera un fecundo diálogo. Precisamente por esto, al hacer nuestra, en cierto modo, la petición de los discípulos “enséñanos a orar” (Lc 11, 1), podemos pedir al Señor que nos ayude a entender cómo comunicar con Dios y con los hombres a través de los maravillosos instrumentos de la comunicación social. Reorientados en la perspectiva de tal comunicación última y decisiva, los medios de comunicación social se revelan como una oportunidad providencial para llegar a los hombres de cualquier latitud, superando las barreras del tiempo, del espacio y de la lengua, formulando en las más diversas modalidades los contenidos de la fe, y ofreciendo a quien busca puertos seguros que faciliten un diálogo con el misterio de Dios revelado plenamente en Jesucristo.”2
Comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro.
«Estamos llamados a dar testimonio de una Iglesia que sea la casa de todos. ¿Somos capaces de comunicar este rostro de la Iglesia? La comunicación contribuye a dar forma a la vocación misionera de toda la Iglesia; y las redes sociales son hoy uno de los lugares donde vivir esta vocación redescubriendo la belleza de la fe, la belleza del encuentro con Cristo. También en el contexto de la comunicación sirve una Iglesia que logre llevar calor y encender los corazones.»3
«No se ofrece un testimonio cristiano bombardeando mensajes religiosos, sino con la voluntad de donarse a los demás a través de la disponibilidad para responder pacientemente y con respeto a sus preguntas y sus dudas en el camino de búsqueda de la verdad y del sentido de la existencia humana»4
La comunicación social al servicio de la persona y la dignidad humana
«La Instrucción Pastoral sobre las comunicaciones sociales Communio et progressio, en continuidad con la Constitución Pastoral del Concilio sobre la Iglesia en el mundo actual, Gaudium et spes (cf. nn 30-31), subraya que los medios de comunicación están llamados a servir a la dignidad humana, ayudando a la gente a vivir bien y a actuar como personas en comunidad. Los medios de comunicación realizan esa misión impulsando a los hombres y mujeres a ser conscientes de su dignidad, a comprender los pensamientos y sentimientos de los demás, a cultivar un sentido de responsabilidad mutua, y a crecer en la libertad personal, en el respeto a la libertad de los demás y en la capacidad de diálogo.
La comunicación social tiene un inmenso poder para promover la felicidad del hombre y su realización».5
La Iglesia anuncia Buena Noticia
“Para los cristianos, las lentes que nos permiten descifrar la realidad no pueden ser otras que las de la buena noticia, partiendo de la «Buena Nueva» por excelencia: el «Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios» (Mc 1,1)ti Con estas palabras comienza el evangelista Marcos su narración, anunciando la «buena noticia» que se refiere a Jesús, pero más que una información sobre Jesús, se trata de la buena noticia que es Jesús mismo. En efecto, leyendo las páginas del Evangelio se descubre que el título de la obra corresponde a su contenido y, sobre todo, que ese contenido es la persona misma de Jesús.
Esta buena noticia, que es Jesús mismo, no es buena porque esté exenta de sufrimiento, sino porque contempla el sufrimiento en una perspectiva más amplia, como parte integrante de su amor por el Padre y por la humanidad. En Cristo, Dios se ha hecho solidario con cualquier situación humana, revelándonos que no estamos solos, porque tenemos un Padre que nunca olvida a sus hijos. «No temas, que yo estoy contigo» (Is 43,5): es la palabra consoladora de un Dios que se implica desde siempre en la historia de su pueblo. Con esta promesa: «estoy contigo», Dios asume, en su Hijo amado, toda nuestra debilidad hasta morir como nosotros. En Él también las tinieblas y la muerte se hacen lugar de comunión con la Luz y la Vidati”6
La verdad para combatir las fake news
“La continua contaminación a través de un lenguaje engañoso termina por ofuscar la interioridad de la persona. Dostoyevski escribió algo interesante en este sentido: «Quien se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras, llega al punto de no poder distinguir la verdad, ni dentro de sí mismo ni en torno sí, y de este modo comienza a perder el respeto a sí mismo y a los demás. Luego, como ya no estima a nadie, deja también de amar, y para distraer el tedio que produce la falta de cariño y ocuparse en algo, se entrega a las pasiones y a los placeres más bajos; y por culpa de sus vicios, se hace como una bestia. Y todo esto deriva del continuo mentir a los demás y a sí mismo» (Los hermanos Karamazov, II,2).
Entonces, ¿cómo defendernos? El anudoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad. En la visión cristiana, la verdad no es sólo una realidad conceptual que se refiere al juicio sobre las cosas, definiéndolas como verdaderas o falsas. La verdad no es solamente el sacar a la luz cosas oscuras, «desvelar la realidad», como lleva a pensar el antiguo término griego que la designa, aletheia (de a-lethès, «no escondido»). La verdad tiene que ver con la vida entera. En la Biblia tiene el significado de apoyo, solidez, confianza, como da a entender la raíz ‘aman, de la cual procede también el Amén litúrgico. La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer. En este sentido relacional, el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que se puede contar siempre, es decir, «verdadero», es el Dios vivo. He aquí la afirmación de Jesús: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6).  El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: «La verdad os hará libres» (Jn 8,32).
Liberación de la falsedad y búsqueda de la relación: he aquí los dos ingredientes que no pueden faltar para que nuestras palabras y nuestros gestos sean verdaderos, auténticos, dignos de confianza. Para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar, dividir y contraponer. La verdad, por tanto, no se alcanza realmente cuando se impone como algo extrínseco e impersonal; en cambio, brota de relaciones libres entre las personas, en la escucha recíproca. Además, nunca se deja de buscar la verdad, porque siempre está al acecho la falsedad, también cuando se dicen cosas verdaderas. Una argumentación impecable puede apoyarse sobre hechos innegables, pero si se utiliza para herir a otro y desacreditarlo a los ojos de los demás, por más que parezca justa, no contiene en sí la verdad. Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados: si suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa.”7
La verdad construye la paz
“El mejor antídoto contra las falsedades no son las estrategias, sino las personas, personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que, atraídas por el bien, se responsabilizan en el uso del lenguaje. Si el camino para evitar la expansión de la desinformación es la responsabilidad, quien tiene un compromiso especial es el que por su oficio tiene la responsabilidad de informar, es decir: el periodista, custodio de las noticias. Éste, en el mundo contemporáneo, no realiza sólo un trabajo, sino una verdadera y propia misión. Tiene la tarea, en el frenesí de las noticias y en el torbellino de las primicias, de recordar que en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino las personas.  Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas. Por eso la verificación de las fuentes y la custodia de la comunicación son verdaderos y propios procesos de desarrollo del bien que generan confianza y abren caminos de comunión y de paz.
Por lo tanto, deseo dirigir un llamamiento a promover un periodismo de paz, sin entender con esta expresión un periodismo «buenista» que niegue la existencia de problemas graves y asuma tonos empalagosos. Me refiero, por el contrario, a un periodismo sin fingimientos, hostil a las falsedades, a eslóganes efectistas y a declaraciones altisonantes; un periodismo hecho por personas para personas, y que se comprende como servicio a todos, especialmente a aquellos –y son la mayoría en el mundo– que no tienen voz; un periodismo que no queme las noticias, sino que se esfuerce en buscar las causas reales de los conflictos, para favorecer la comprensión de sus raíces y su superación a través de la puesta en marcha de procesos virtuosos; un periodismo empeñado en indicar soluciones alternativas a la escalada del clamor y de la violencia verbal”.8
De las redes a la comunidad
“El contexto actual nos llama a todos a invertir en las relaciones, a afirmar también en la red y mediante la red el carácter interpersonal de nuestra humanidad. Los cristianos estamos llamados con mayor razón, a manifestar esa comunión que define nuestra identidad de creyentes. Efectivamente, la fe misma es una relación, un encuentro; y mediante el impulso del amor de Dios podemos comunicar, acoger, comprender y corresponder al don del otro.
La comunión a imagen de la Trinidad es lo que distingue precisamente la persona del individuo. De la fe en un Dios que es Trinidad se sigue que para ser yo mismo necesito al otro. Soy verdaderamente humano, verdaderamente personal, solamente si me relaciono con los demás. El término persona, de hecho, denota al ser humano como ‘rostro’ dirigido hacia el otro, que interactúa con los demás. Nuestra vida crece en humanidad al pasar del carácter individual al personal. El auténtico camino de humanización va desde el individuo que percibe al otro como rival, hasta la persona que lo reconoce como compañero de viaje”.9

ACTUAR

Comunicación
Oportuna
Veraz
Informa
Demostrada
19 criterios para una comunicación que transmita verdad y esperanza:

1. Tener la convicción de que la verdad sobre las cosas existe, debe ser buscada y buscada en comunidad para evitar los riesgos del relativismo, la parcialidad y la subjetividad.
2. Ejercer una actividad comunicativa y comunicóloga desde una ética que ponga al centro a la persona y su dignidad. Evitar ser mercenarios de la comunicación y más bien heraldos de la verdad y la paz.
3. Evite enfocarse en la persona que ha contraído la enfermedad y respete la privacidad y derecho a la intimidad de los pacientes. Piense en el efecto que la nota puede ocasionar a las personas o instituciones.
4. Reconocer la alteridad o comunicación interpersonal donde en cada polo del evento comunicativo hay personas que tienen los mismos derechos y dignidad, sea el que comunica, el que está al centro de la comunicación o mensaje, y el que recibe la información.
5. Tener un compromiso con la sociedad y el bien común y no con un grupo que resulte beneficiado de la censura o información.
6. Transmitir los hechos verdaderos y objetivos sobre la enfermedad para formar criterios de acción y sensatez y no para infundir morbo o miedo.
7. Verificar las fuentes citadas y recurrir a las instituciones oficiales que generan la información cienufica, exacta y objetiva.
8. La información requiere formación, por eso los comunicadores deben conocer los fundamentos básicos de la epidemia. Se debe usar el nombre correcto de la enfermedad (COVID-19) y del virus (SARS-CoV-2).
9. Se deben evitar titulares, fotos, gráficos o sobrenombres que generen miedo, estigmatización, discriminación o racismo. Dar a una epidemia el nombre de un lugar o país genera prejuicios y daños.
10. La información también es prevención, por eso se debe informar con veracidad las medidas que previenen, contienen o mitigan la propagación de la enfermedad.
11. No difundir falsedad. Evitar ser portavoz de los que por falta de conocimiento o información difunden datos falsos, curaciones mágicas, miedo o sicosis.
12. Utilice un lenguaje asertivo. Evite los estereotipos o el uso de calificativos en los titulares que generen morbo o ansiedad. Evitar el dramatismo en el lenguaje y las cabezas. El uso de ciertas expresiones o palabras pueden influir en la percepción de las personas. Es mejor hablar de modo positivo y evitar las etiquetas a las personas que han contraído el virus.
13. Comunicar para la esperanza. Ante un panorama tan lleno de preocupaciones e incertidumbre, se debe promover un periodismo por la esperanza (Darío Restrepo)
14. Evitar el “mezquinaje” comunicacional. Se debe evitar ocultar información que puede salvar vidas, obligando al usuario a ir a su sitio web, canal, fan page o pagar para conocer la información detallada.
15. Traduzca el lenguaje técnico para su público o usuarios. Cuanto más claro sea el lenguaje, mayor valor tendrá su comunicación. La labor de concientización y prevención tiene mejor resultado si el lenguaje es comprensible para los receptores.
16. Aunque parezca repetitivo insista en las medidas preventivas. Cuanto más se agudice la situación más personas empezarán a seguir las coberturas e informaciones. Por tanto mayor responsabilidad se tiene en lo que se comunica.
17. Mantenga su información actualizada y contextualice para saber en qué momento específico dio la información. Las personas podrán así ubicar mejor el estado de la situación y la enfermedad.
18. Contribuya a las soluciones con sus comunicaciones. “es un momento particularmente bueno, para el periodismo de soluciones: informes exhaustivos y rigurosos sobre lo que está funcionando”10 Esto implica contar historias de recuperación y de superación social. Inspirar aliento y no desolación.
19. Cuide su salud. Un periodista enfermo no podrá informar bien, y además se convierte en un riesgo.
Por: Pbro. Helkyn Enríquez Báez
_________________
1 ORGANIZACIÓN PANAMERICANA DE LA SALUD, COVID-19 consejos para informar. Guía para periodistas, OPS, Washington D.C. 2020, p.2.
2 JUAN PABLO II, Carta apostólica a los responsables de las comunicaciones sociales, (24 de enero de 2005), nn. 4-5.
3 FRANCISCO, Mensaje para la XLVIII Jornada Mundial De Las Comunicaciones Sociales, (2014).
4 BENEDICTO XVI, Mensaje para la XLVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, (2013).
5 PONTIFICIO CONSEJO PARA LAS COMUNICACIONES SOCIALES, ÉHca en las
comunicaciones sociales, (4 de junio del 2000), n.6.
6 FRANCISCO, Mensaje para la 51 Jornada Mundial De Las Comunicaciones Sociales, (2017).
7 FRANCISCO, Mensaje para la 52 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, (2018)ti
8 Idem.
9 Ibidem, Mensa.je para la 53 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, (2019).
10 Red de periodismo de soluciones, “5 ejemplos de periodismo de soluciones en tiempos de coronavirus” en hÄps://fundaciongabotiorg/es/ blog/periodismosoluciones/5-ejemplos-de-periodismo-de-soluciones-en-
tiempos-de-coronavirus (consultado el 26 de abril de 2020 potencia para quienes lo rodean o entrevista. Busque opciones virtuales o telefónicas para realizar su trabajo y reducir el riesgo de exposición.

miércoles, 29 de abril de 2020

REZAR EL ROSARIO EN FAMILIA

CARTA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A TODOS LOS FIELES PARA EL MES DE MAYO DE 2020

Queridos hermanos y hermanas:
Se aproxima el mes de mayo, en el que el pueblo de Dios manifiesta con particular intensidad su amor y devoción a la Virgen María. En este mes, es tradición rezar el Rosario en casa, con la familia. Las restricciones de la pandemia nos han “obligado” a valorizar esta dimensión doméstica, también desde un punto de vista espiritual.
Por eso, he pensado proponerles a todos que redescubramos la belleza de rezar el Rosario en casa durante el mes de mayo. Ustedes pueden elegir, según la situación, rezarlo juntos o de manera personal, apreciando lo bueno de ambas posibilidades. Pero, en cualquier caso, hay un secreto para hacerlo: la sencillez; y es fácil encontrar, incluso en internet, buenos esquemas de oración para seguir.
Además, les ofrezco dos textos de oraciones a la Virgen que pueden recitar al final del Rosario, y que yo mismo diré durante el mes de mayo, unido espiritualmente a ustedes. Los adjunto a esta carta para que estén a disposición de todos.
Queridos hermanos y hermanas: Contemplar juntos el rostro de Cristo con el corazón de María, nuestra Madre, nos unirá todavía más como familia espiritual y nos ayudará a superar esta prueba. Rezaré por ustedes, especialmente por los que más sufren, y ustedes, por favor, recen por mí. Les agradezco y los bendigo de corazón.
Roma, San Juan de Letrán, 25 de abril de 2020
Fiesta de san Marcos, evangelista
Francisco
Oración a María
Oh María,
tú resplandeces siempre en nuestro camino
como un signo de salvación y esperanza.
A ti nos encomendamos, Salud de los enfermos,
que al pie de la cruz fuiste asociada al dolor de Jesús,
manteniendo firme tu fe.
Tú, Salvación del pueblo romano,
sabes lo que necesitamos
y estamos seguros de que lo concederás
para que, como en Caná de Galilea,
vuelvan la alegría y la fiesta
después de esta prueba.
Ayúdanos, Madre del Divino Amor,
a conformarnos a la voluntad del Padre
y hacer lo que Jesús nos dirá,
Él que tomó nuestro sufrimiento sobre sí mismo
y se cargó de nuestros dolores
para guiarnos a través de la cruz,
a la alegría de la resurrección. Amén.
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios,
no desprecies nuestras súplicas en las necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.

Oración a María
«Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios».
En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.
Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. Sostiene a aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo.
Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas, y que abra sus corazones a la esperanza.
Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los voluntarios que en este periodo de emergencia combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras vidas. Acompaña su heroico esfuerzo y concédeles fuerza, bondad y salud.
Permanece junto a quienes asisten, noche y día, a los enfermos, y a los sacerdotes que, con solicitud pastoral y compromiso evangélico, tratan de ayudar y sostener a todos.
Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y mujeres de ciencia, para que encuentren las soluciones adecuadas y se venza este virus.
Asiste a los líderes de las naciones, para que actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad.
Santa María, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares.
Madre amantísima, acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria. Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio y la constancia en la oración.
Oh María, Consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, haz que Dios nos libere con su mano poderosa de esta terrible epidemia y que la vida pueda reanudar su curso normal con serenidad.
Nos encomendamos a Ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.

GRUPOS Y MOVIMIENTOS ACTIVOS EN LA PARROQUIA

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